

El acceso al interior del recinto amurallado de Peñiscola se puede realizar desde la Playa Norte por la fortificada Puerta de Santa María o por el puerto pesquero y la Playa Sur por el Portal de Sant Pere.
En la Plaza de la ermita de la Virgen de la Ermitana. Su fachada lisa de piedra sin apenas decoración, se encuentra adosada a los muros del Castillo de Peñíscola a cuyos pies se encuentra la estatua sedente de bronce del Papa Luna.

Benedicto XIII
Evidentemente el siguiente paso es conocer el interior del Castillo de Peñíscola, las distintas estancias de esta fortaleza que se eleva a casi 65 metros sobre el mar.

Lo más destacado de la visita al Castillo son las vistas panorámicas al Mediterráneo, a la bahía de Peñíscola y al recinto amurallado que encierra el casco histórico de la población. A un lado de las murallas del Castillo se encuentra el faro todavía en funcionamiento.

Faro de Peñiscola
En un día claro y soleado la vista se pierde en el horizonte entre el azul del mar y los ocres y verdes de la línea de costa al norte y al sur. Desde luego que este es un emplazamiento privilegiado.

Es hora de perderse por sus calles estrechas y escalinatas, por sus puestos de conchas y estrellas marinas, por las pequeñas tiendas de artesanía, de dulces típicos y de curiosos souvenirs.

No os olvidéis de buscar la curiosa Casa de las Conchas, otro de los símbolos del pueblo, ni de localizar ese callejón plagado de tascas y restaurantes .


Luego hay que acercarse hasta el Baluarte del Príncipe donde se encuentra el Museu de la Mar de acceso gratuito. En este pequeño museo uno se puede hacer idea de la profunda relación de Peñíscola con el Mediterráneo a lo largo de su historia: cañones, anclas, viejas f.… Una introducción a la Peñíscola más marinera.

Ya desde el cercano Fortín del Bonet el Mediterráneo se hace omnipresente al recorrer estos baluartes de la muralla que rodea Peñíscola por el sur. Es momento de descender por la calle Atarazanas en busca de la Bajada al Bufador mientras contemplo a mi izquierda el mar y hacia el sur la Sierra de Irta. A la derecha quedan las casas encaladas con ventanas y puertas pintadas de añil, con los suelos de sus balcones decorados con cerámica multicolor.
El Bufador es una abertura en la roca por donde se oye el resoplar del mar y el batir de las olas unos metros más abajo, sonido relajante en verano cuando el mar está tranquilo. Pero en invierno las salpicaduras en forma de espuma brotan desde ese tenebroso túnel cuando el mar está bravo.